Ser exitista es aplaudir lo que tiene éxito sólo porque tiene éxito. El aplauso genera más éxito, y el exitoso se va inflando, inflando, hasta que... ¡plop! un pequeño revés, un alfiler de pequeño diámetro, pincha el globo y el exitoso se desinfla, se viene abajo haciendo eses y es pisoteado sin compasión por los mismos hinchones que hasta ayer hinchaban por él las 24 santas horas del reverendísimo día.