Intercambio Extraoficial de Favores

- EDITORIAL

Intercambio Extraoficial de Favores
Intercambio Extraoficial de Favores

Una razón es conjeturar o presentir, pero otra cuestión es tener la evidencia de lo que está ocurriendo, aunque ésta se acepte con astucia o con categórica y rotunda irresponsabilidad. Luego de anotar este breve introito, y para quien no lo sabe, el Intercambio Extraoficial de Favores es sin más vueltas, el archiconocido Clientelismo Político. Esta es la práctica en la cual los titulares de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones, obtenidas a través de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral.

Y la verdad es que nos cuesta creerlo cuando Argentina fue alguna vez el país más próspero del mundo. En los años 1895 y 1896 estuvo en el puesto nº1 del ranking. Y uno se pregunta entonces: ¿Cómo llegamos a esto?

Llegamos a esto por muchísimas razones, desde el estallido de la Gran Depresión que marcó el comienzo de un extenso desarrollo de dificultades y estancamiento, además del golpe de estado de 1930. Cabe destacar que el periodo más incisivo de la retracción debido a la caída de los precios internacionales, se operó entre 1928 y 1932. Durante el peronismo (entre 1946 y 1955), cuyo surgimiento fue consecuencia política de aquel golpe, hubo una recuperación del funcionamiento democrático pero no de las instituciones republicanas. En 1976 se produjo la última y feroz de las dictaduras del legado de los años 30.

Panorama actual

En la actualidad advertimos que la gente está cansada y con entendible razón. Si uno hace una encuesta en la calle y pregunta a los vecinos

¿Qué esperás de un político? Lo primero que te responden es: ¡Que cumplan con resolver lo que nos hace falta! ¡Qué no nos mientan! ¡Que tomen medidas importantes porque estamos desmoralizados, un tanto indiferentes y sin ganas de ir votar! La mayoría de la sociedad desprecia la política, y considera unos ‘chantas’ a quienes la ejercen.

Sin embargo, también hay funcionarios que vienen dando respuestas a la sociedad, pero la mayoría no lo hace, y solo quieren preservar ingresos y cargos para continuar beneficiándose del estado.

Buceando en internet encontré que los politólogos Cas Mudde y Cristóbal Rovira Kaltwasser definen Clientelismo Político como ‘un modo particular de intercambio entre grupos de electores y políticos, gracias al cual los votantes obtienen bienes (pagos directos o acceso privilegiado a empleo, bienes y servicios, por ejemplo) a condición de que apoyen a un patrón o partido’. Aspectos ya definidos en décadas anteriores por los politólogos Guillermo O`Donnell, Javier Auyero y Miguel Trotta en el mismo sentido.

En un sistema de Clientelismo, el poder sobre las decisiones del aparato administrativo del Estado se utiliza para obtener beneficio privado el patrón (sea directamente un funcionario, u otra persona dotada de suficiente poder como para influir sobre los funcionarios) toma decisiones que favorecen a sus clientes, y que estos compensan con la perpetuación en el poder del funcionario implicado o de su entorno. La relación puede fortalecerse mediante la amenaza de utilizar esa misma capacidad de decisión para perjudicar a quienes no colaboren con el sistema.

CLIENTELISMO Y REPRESENTACIÓN

El clientelismo ha sido asociado a naciones con representación democrática debilitada, sin embargo, cada vez más países con democracias consolidadas presentan fenómenos clientelares. Generalmente, los clientes en la relación de intercambio son los votantes en condiciones de pobreza a quienes se condiciona el voto a cambio de la entrega de dinero en efectivo o bienes de primera necesidad. En su forma más sofisticada, se presenta como patronazgo.

Si cada uno de nosotros, y sobre todo aquellos que hacen política, tienen miedo a decir las cosas que nos pasan, entonces estamos en el ‘horno y con papas’. Y ellos tendrían que ponerse un ‘parripollo’ antes que salir a hacer política. Tanto el hombre como la mujer que son pobres en nuestro país, lo que quieren es que los funcionarios resuelvan sus problemas, y no que se los comenten.

OPINAR SIN MIEDO

No siempre se reconoce una verdad incómoda, pero opinar con miedo en un proceso electoral, no va en contra de un candidato en particular, sino en contra de la democracia misma, porque que gane uno u otro no tiene valor ya que la democracia es la que siempre pierde. Por eso es importante resaltar que la democracia va más allá de la perspectiva electoral. Se entiende como un sistema que promueve y permite el respeto irrestricto de los derechos y libertades de las personas, la creación de oportunidades iguales para todos, la vigencia del Estado de derecho, la formación de valores de igualdad, tolerancia y respeto.

* Escrito por Omar Dantur

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