Esa ‘impotencia por la injusticia' es el resultado de ver cómo el esfuerzo personal (el estudio, el mérito, el ‘quemarse las pestañas’) choca contra una pared de contactos, fichas de afiliación y favores.
¿Por qué hace tanto daño ese ‘ninguneo’?
Por la sencilla razón de que lamentablemente hiere profundamente a la meritocracia. Cuando las oportunidades de trabajo no dependen de lo que sabés hacer, sino de a quién conocés, el sistema te está diciendo que tu valor como individuo es secundario. Eso genera una desconexión total entre el ciudadano y el Estado.

La ‘maldad insolente’ de la que habla el tango, yo la comparo con la indiferencia de los referentes. Sentimos muchas veces, la desconexión de una clase dirigente que vive en una burbuja donde el trabajo es un botín y no un derecho o una herramienta de progreso.
EL DESALIENTO DEL TALENTO
El peligro real de vivir ‘revolcados en un mismo lodo’ es que los más capaces, cansados de ser ‘manoseados’ por el sistema, terminan bajando los brazos o buscando otros horizontes.
Ya se hace insoportable el peso que tiene la cultura del ‘acomodo’, y no hace falta recorrer largas distancias para encontrar un montón de casos: en Joaquín V. González, en el resto de Anta y en toda la provincia de Salta. En general en Argentina, el acomodo se ha disfrazado de ‘viveza criolla’, pero en realidad es un mecanismo de exclusión. La impotencia que hoy expreso, es compartida por miles que ven cómo el capital social (los contactos) siempre le gana al capital intelectual (el estudio).
Es muy difícil pedir paciencia o esperanza cuando el ‘hoy’ se siente como un ‘Cambalache’, en donde da lo mismo que seas ‘cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón’.

Mientras en los despachos de Anta y Salta se sigan repartiendo oportunidades como si fueran naipes de una baraja marcada, el mérito seguirá siendo un extranjero en su propia tierra. No es viveza criolla, es el saqueo de nuestras ganas de progresar. Pero lo peor sería que nos acostumbremos a que el lodo sea nuestro único horizonte. Porque cuando el estudio ya no es el motor, lo que se detiene no es solo una carrera profesional, sino el futuro mismo de una región que se cansó de ser ninguneada. Es hora de entender que el 'capital de contactos' solo beneficia a pocos, mientras que el 'capital intelectual' nos salva a todos. Si no barajamos de nuevo, el esfuerzo seguirá siendo el único polizón en un barco que solo invita a los amigos del capitán.