“Quédate en casa” fue el gran lema como masiva disposición preventiva, sobre el temor a lo aún desconocido del contagio que arrebataba la vida.
Ese silencio que emana el lamento escaso disfrute de la exterioridad…Considerable interior del hombre allí a la sazón, en el hogar y comunidad.
La tierra necesitaba aquel suspiro entre tanta contaminación y apuro, el mortal acercarse más al prójimo. Hasta el tiempo creyera, se detuvo.
El uso modificado de cotidianeidad, descanso o ese tedio al aislamiento. En vilo stress, prisión e incertidumbre o en revoloteo de emprendimientos.
Los médicos y cuantos enfermeros, ellos son ángeles resplandecientes, custodiando conveniente salubridad exponiéndose los altruistas valientes.
Como los modelos identificatorios llegó importante relación vincular, lo añorado entre familia y escuela el ser mancomunado en lo singular.
El maestro no es exclusivamente alguien que pernocta en escuela sino padres, hermanos, abuelos…la vida equivalente y muy esbelta. Internet, casual divinidad suprema. Grupo de Whats App, Facebook, email, teletrabajo, actos virtuales, clases o las reuniones por Zoom… Hay que mirar esta cuarentena  a partir del prisma de oportunidad: aprender, desaprender y reaprender desde paradigma de la complejidad. Sin duda, la inspiración existencial. El presente se torna un obsequio, a la espera del encuentro de afectos y el mañana, sucesión de misterio. Añoro que se active el protocolo del amor, protección y bienestar de la bendita pandemia espiritual para la humanidad en general. 
AUTORA: ROSA SARAVIA (DOCENTE- LAS LAJITAS)