Don Meyer y su vergel como legado

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Don Meyer y su vergel como legado
Don Meyer y su vergel como legado

Hablar de Don Meyer, es tener siempre en la memoria su sonrisa cordial y su mirada franca. Aquel viejo amigo de todos, que nos esperaba cada año para convertir su casa en un jardín de infantes de chicos y adultos.


Al llegar al solar, aún hoy uno siente, una bocanada de aire fresco, y ante todo, se encuentra con la obra de don Meyer: aquello que él mismo bautizó con total justicia, como "el oasis". Para quienes concurriamos: “la pileta de Meyer”.

Más de uno de nosotros aprendió en su oasis a juntar las manitos pequeñitas, estirar los brazos tapando las orejas, para luego dar el saltito final hacia el agua. Muchos panzazos hasta que salía.

Don Enardo Federico Meyer a pesar de no nacer aquí, entregó sus años y dedicación a través de casi cinco décadas. El 2 de noviembre (día de los fieles difuntos), se conmemoran 26 años de su partida física. Nos dejó picando su imaginación, su alegría, y un ejemplo a imitar en la devoción que sentía por sus hijos.

Si quien habita Anta transita la columna vertebral de la ruta 16 y pasa por Gaona, habrá distinguido sin duda los tonos verdes matizados con el violeta de los jacarandaes y el rosa de los lapachos. Es un lugar que tienta a acercarse, a entrar incluso sin invitación previa.

Junto a sus hermanas

La pileta de Meyer es la primera de medidas olímpicas en la zona, y ha sido durante más de 59 años el refugio de generaciones que buscan descanso y frescura. Fue inaugurada en noviembre de 1966, igual que el año que Gaona obtuvo su calidad institucional de municipio, que luego perdió. Por suerte y mucha inspiración, con su casa no pasó lo mismo. En el año 2025 Sandrita (su hija menor), se abocó junto a su grupo familiar más cercano, a reversionar y rescatar la pileta que estaba herida de muerte. Hoy cuenta con un sistema de filtrado y reutilización de agua, que enorgullece a propios y extraños. Sobre esta actualidad su hija nos comentó: “sé que este esfuerzo es enorme y que lo pagaré a través de un par de créditos por largo tiempo, pero la obra está hecha y la disfruto mucho. Este año me jubilo y me estoy viniendo a instalar más por aquí, para tenerla a disposición 6 meses al año. Hemos tenido Colonia de Vacaciones de niños, una Escuela de Natación y Aquagym para mayores. Volví a disfrutar la pileta como cuando era una niña. Un inmenso placer”, comentó Sandrita.

Volviendo a don Meyer, sus hijos recuerdan con orgullo cómo hace casi 6 décadas atrás, su padre excavaba la tierra con el anhelo de convertir una fantasía en realidad. Con pocos recursos, pero con un ingenio desbordante, don Meyer transformó aquel rincón en un paraíso terrenal para su familia. Tras concluir la pileta, encaró la construcción de una cancha de tenis, siempre con el objetivo de brindar a propios y extraños un espacio para el deporte, la diversión y la educación en un ambiente sano.

Un bohemio soñador llega a estos pagos

Don Meyer es descendiente de una familia de Inmigrantes suizo-alemanes fundadores de Colonia San Jerónimo. Esta localidad está ubicada al norte de Santa Fe. En esa provincia, pero en capital, nació el 6 de mayo de 1924. Allí cursó hasta sexto grado y se inició en el oficio de carpintero. Sin embargo, la música y sus anhelos de bohemio, lo llevaron a desandar caminos. Con su alma pegada a la guitarra deleitaba con compases del litoral. Así el destino lo movió siendo joven a conocer el norte de nuestro país con la excusa de juntar fondos para comprarse un arpa. Llegó a Gaona y se encargó de la carpintería de la escuela del pueblo. Es así que entre clavos y martillos, poesías y guitarreadas, conoció a María Sureda. Ella era una joven muchachita, hija de una prestigiosa familia del lugar. Esta mujer se convirtió con el paso de los años en su fiel compañera. La persona capaz de entender sus anhelos y quimeras. Ella también sería la mujer con la que compartió todos sus instantes, hasta el último aliento. María aún en sus últimos días, continuaba atesorando y preservando cada obra realizada por Don Meyer. Con su mujer tuvieron cuatro hijos: Miguel, Cuqui, Guillermo y Sandra. Con ellos pudo cumplir su sueño de constituir, formar y encaminar una gran familia. Les creo alas de libertad y profundos valores éticos.

Un enamorado de la naturaleza y el arte

El hombre transita un tiempo en un espacio que el elige para realizar sus actividades. Se plantea sus metas, trabaja por ellas, y al final del camino, mira hacia atrás y encuentra su obra. Don Meyer planificó cada día de su vida, nada dejó librado al azar.

También era un artista nato. Ejecutaba la guitarra sólo en pocas ocasiones, cuando quería agasajar a alguien. Tocaba cualquier tipo de instrumento musical aunque no lo conociera. Pintaba sobre cualquier superficie y dibujaba. Diseñó y armó escenarios para las veladas artísticas, las primeras carrozas de primavera en Gaona. Ornamentó su casa con más de 3.000 especies de árboles de distintas latitudes, intentando desarrollarlas aquí, por eso al recorrer el lugar y observar detenidamente cada árbol, uno descubre y comprende el espíritu creativo de este hombre. Este viejo sabio, no pasó por este mundo en vano logró modificar su geografía, su hábitat, su idiosincrasia. Vivía cada día como si fuese el último. Amaba la lectura y la música, en todas y las más variadas expresiones. Prefería el tango, a Carlos Gardel quizás, porque siendo muy niño en su ciudad natal, lo había conocido de casualidad.

La osadía de volver

El hombre debe trascender por las obras, en el transcurrir del tiempo y venciendo a su propia muerte. Perdura solo lo que se hizo con el corazón, lo demás es desechado. Al fin tu alma se desprendió de aquel traje octogenario. Te imagino correteando con los niños porque ya no pesan tus piernas gastadas por los años. También te veo volando libre por cualquier lugar del cielo, con tus alas que no conocen límites. Ya no sentís la contracción tediosa de los músculos viejos en el intento por desplegar tu sonrisa majestuosa. Ves, ¡volviste a la libertad más absoluta! Ahora sos gaviota o golondrina, árbol, agua o sol. Ya presiento, estas planeando otra osadía, aquella de volver sin permiso ni compromiso, en la mirada dulce que vendrá. Aquella que destellara en los ojos de los hijos de tus nietos.

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