Una historia muy perruna

- LITERARIAS

Una historia muy perruna
Una historia muy perruna

Hace 4 años fuimos con mi hijo Nacho (16) a conocer la Costa Atlántica de nuestro país. Alquilamos un departamentito a una cuadra de la playa, en la aldeana y apacible Santa Clara del Mar.

Al cabo de unos días, un poco aburridos por la monotonía, decidimos recorrer los 10 kilómetros que no separaban de Mar del Plata, y trasladarnos hasta allí con la intención de entretenernos un poco y aprovechar para conocer más la zona.

A pesar que todavía la mañana estaba desperezándose, nos aventuramos a meternos al agua ya que a esa hora 8.30, estaba re súper fría.

En un momento me fui a cambiar y al volver, quedé sorprendido al ver a un perro sentado frente a mi hijo. El animal lo miraba fijamente a los ojos con una expresión de infinita ternura. Y así estuvo un largo tiempo, casi sin percatarse del gentío que iba y venía pisando la arena humedecida y fría.

Siempre quedé intrigado y aunque suene algo ridículo, fue una experiencia tan misteriosa como sorprendente para mí. Debido a que sé que los perros son tan leales, cariñosos e incondicionales hay veces que me pregunto, ¿no será que Dios creó a los perros a modo de ejemplo, para que nosotros aprendamos a ser un poco mejores?

Sin embargo, y volviendo al hilo del relato, yo elucubré una teoría un tanto descabellada que resumía la situación de la siguiente manera: A sabiendas que mi hijo tenía un alma noble y compasiva, el perro hizo empatía. Y sin ninguna explicación lógica, decidió hacerle compañía de una manera muy particular: sentándose frente a él, y mirándolo a los ojos como si fuesen dos seres aislados en una nuble etérea. Aunque no me quedé totalmente satisfecho con mi suposición, hipótesis, conjetura o como quiera llamarla,. 

Pasó el tiempo, y hace un par de días atrás volví a ver las fotos y me dispuse buscar en google lo siguiente: PERROS QUE SIGUEN A PERSONAS QUE NO CONOCEN. Lo primero que me apareció como respuesta a mi búsqueda fue algo que se titulaba: “Que significa que te sigan los perros”. Cuando abrí para leer el texto decía lo siguiente: “Los animales huelen cuando una persona es buena y especial, ellos son muy sensibles y tienen sentimientos. Si te siguen es porque les agradas y además te cuidan durante el camino. Siempre he dicho que todos los animales son ángeles siempre presienten cosas, ven lo que no vemos y saben cuando estas triste”.

Me quedé con eso, sin buscar otras respuestas que pudiesen impedir mis ganas de contarla.


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