edesa
Esta fue una de las maneras con la que algunos vecinos definían los malos ratos vivido por la falta de luz en medio de calores agobiantes que se llevaban casi todo el aire. El mal funcionamiento de transformadores obsoletos que resultan chicos a la hora de resistir la actual demanda de energía, genera bajas y subas permanentes de tensión, y hasta apagones que ponen en riesgo cualquier artefacto eléctrico de uso doméstico o comercial ¿Por qué nadie de la empresa sale a aclarar la cuestión? ¿Acaso tratan al usuario como ciudadano de cuarta?
Uno se pregunta a la hora de pensar en posibles pérdidas ¿Quién le gana un juicio a
Edesa? ¿El mago
Merlín? Es casi improbable suponer o esperanzarse con que la empresa se va a hacer cargo de los daños que ocasiona, si ni siquiera da una respuesta de su servicio en el lugar donde (rigurosamente) cobra sus facturas. ¿Cuánto más hay que esperar para que las inversiones se hagan como corresponde?
Hace pocos días uno de nuestros lectores nos escribió pidiéndonos que realicemos una profunda investigación sobre el tema de la facturación de las boletas de la energía eléctrica, y sobre el servicio que está prestando
"Edesa". Allí el lector nos manifiesta que la prestación de energía eléctrica no es para nada buena y las facturas de la luz cada vez vienen más costosas.
Según la información de quienes conocen algo sobre la cuestión dicen que los transformadores y cables de alta tensión ya son demasiados viejos y, lógicamente, ya deberían haber sido cambiados. El problema de los transformadores es de larga data. Algunos memoriosos recordarán cuando allá a principios del año 2.000 todos hablaban de las emanaciones tóxicas de estos elementos y de las posibles enfermedades terminales que este líquido producía a los vecinos. Hoy, aunque el análisis pase por otro lado, no deja de preocupar a la gente que acude con cierta impotencia, hacia los medios de comunicación que atienden ese padecimiento constante de la comunidad.
Ojalá que quienes tengan la posibilidad de revertir la situación hagan algo para cambiar las cosas. Gobernantes, no miren para otro lado.