Una utopía a contrapelo

- OPINIÓN

Una utopía a contrapelo
Una utopía a contrapelo

Estamos muertos, sin ideas, vacíos, tristes. Posteando de manera obediente sobre cualquier cosa que pasa. Un nieto, una vacuna, un perro, una expropiación falopa, algo de la televisión que nos obliga a opinar. Explicadores de todo con datos de los jefes. Sumisos.


Bancadores de proyectos ajenos, Ricoteros de este Indio Solari, no del otro.

Muertos, cómodos, indolentes sin sangre. 

Haters disciplinados, permeadores digitales, twiteros a full que hasta hace nada de tiempo se votaban encima. Viejos peteros que se repiten circularmente, todos están muertos.

Memes, perro chico, hombre araña, sticker combatientes de una batalla cultural que es una estafa, que no es ni propia, ni es batalla. 

Moralistas canceladores, defensores de  millonarios, sumisos lectores del pasado lejano. Maradonas en búsqueda de un like. 

Muertos que no entienden la manija cruel, manija mezquina, manija al fin de fachos empachados en criptomonedas y certezas, que transformaron su vida y transformaron sus miedos en potencia, su odio en verdad, sus privilegios como grito de guerra.

Muertos que opinan como troskos, viven como menemistas, encanutan como conservadores y reclaman como ONG.

Muertos que no tenemos con quien respirar, porque ya no quedan amigos, ni ideas, ni aire… porque traicionamos a todos.

Porque hicimos todo consigna, especulación porque estamos muertos de miedo.

Estroladores, stalckeadores, pajeros muertos que votamos y militamos muertos. Idiotas que se sacan selfies con otros muertos.

Nuestro sistema nervioso está muerto, nuestros estados de ánimo también. Porque lo delegamos y no sabemos a quién.

Defensores de derechos humanos según el distrito, el año, el jefe, el desaparecido, el motivo, el victimario.

Ortivas que flashearon responsabilidad y se lo pasaron vigilanteando en nombre de la salud y del cuidado a todos aquellos que salían a la calle porque no podían hacer otra cosa para sobrevivir.

Desorientados caretas, astillados sin  nada.

Ya no hay vitalidad, sólo burocracia. Ya no hay fiesta, sólo actos con previa acreditación. Ya no hay militancia, sólo loros. Ya no hay vida, sólo política. No hay conspiraciones, sólo velatorios simultáneos con protocolo sanitario.

Buchones, obedientes, delatores cuerpos sin vida que toleran el extractivismo propio. Muertos de tanto opinar como otra forma de obedecer.

No te confundas, el fascismo y las variantes autoritarias no están vivas ni en ascenso nosotros estamos muertos.

Por DIEGO VALERIANO

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