Sean por los escándalos de ex funcionarios o empresarios del gobierno anterior acusados y presos, o cuentas del presidente Mauricio Macri en el extranjero (Panama Papers), la credibilidad popular en los representantes y dirigentes se hace trizas. Más allá del espectáculo, poco ayuda el periodismo hegemónico.
"La corrupción mata, no debe quedar impune", remarcó el Jefe de Estado en su discurso de apertura de las sesiones del Congreso de la Nación de la Argentina, el 1 de abril de 2016. El aplaudido concepto enmarcó su carga contra la herencia del kirchnerismo.
Si la mitad más uno del pueblo argentino –en gran parte- eligió y confía en Macri no es porque sea de derecha o neoliberal, sino en la intuición o sospecha de que si la Patria no crece, y se deteriora su calidad como país y como sociedad , la principal causa es la corrupción de sus dirigentes. De acuerdo a los analistas sociales, a lo largo de la historia de la Argentina, el país abundó en hechos de corrupción.
El contrabando era norma en la época del Virreinato. Oscuro fue el préstamo pedido por el primer presidente, Bernardino Rivadavia. Los grupos económicos dominantes de cada uno de los tiempos hicieron lo suyo en el siglo XIX, con dineros despilfarrados en las construcciones públicas. Y la década infame de 1930. Durante el menemismo se llegó a volar la ciudad de Río Tercero (Córdoba), para ocultar venta ilegal de armas. Y en el 2000, el entonces vicepresidente Carlos Alberto “Chacho” Álvarez renunció a su cargo, denunciando corrupción en la administración de la Rúa y en el Senado de la Nación. El espacio nos impide continuar detallando.
“Estamos fritos”
La codicia, la usura, robo y estafa son condenadas por la Biblia y el cristianismo, por ejemplo la Iglesia Católica. Esto no quita los escándalos de corrupción en el mismo Vaticano. 
Por su parte, el ex presidente de Uruguay, José Mujica, sostuvo el año pasado en una entrevista al diario El País: "Cuando el afán de hacer plata se mete adentro de la política nos mata a la Izquierda". Agregó: "El tema de tener plata para ser alguien puede ser una herramienta de progreso en el mundo del comercio, donde se corren riesgos empresariales, pero cuando se mete en la política estamos fritos”
El ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, fue encarcelado. Lázaro Báez, un empresario cercano al matrimonio Kirchner, también. En las próximas semanas declararán como sospechosos el ex ministro de Economía, Axel Kicillof, y la ex presidenta Cristina Kirchner. Es la reacción judicial tras la difusión de las imágenes de operadores kirchneristas contando millones de dólares.
La difusión internacional de los “Papeles de Panamá” (Panama papers) reveló las identidades de medio millar de dirigentes de todo el planeta con cuentas off shore. Entre los nombres aparece el presidente Mauricio Macri. Aunque haya sido un director sin activos en la empresa de su padre (como explicó la Casa Rosada), Macri debería haberla declarado públicamente para que los argentinos no puedan sospechar de un eventual ocultamiento que pudiera servir para lavar dinero o evadir impuestos.
La Argentina que esperamos no admite Jaimes, Boudous, Báez, como tampoco admite Caputos -contratistas privilegiados- ni presidentes, gobernadores o legisladores que no declaren hasta el último peso o hasta el último nombramiento en una empresa familiar.
La inmensa mayoría de las argentinas y argentinos no queremos que se pudra todo.